No me importa el otoño,
tú eres mi verano.
No me importa la resaca,
tú eres mi borrachera.
No me importa el tornado,
tú eres mi calma.
No me importa la guerra,
tú eres mi paz.
No me importa el miedo,
tú eres mi valor.
No me importa la sed,
tú eres mi agua.
No me importa la penumbra,
tú eres mi claridad.
No me importa el ocaso,
tú eres mi amanecer.
No me importa la muerte,
tú eres mi vida.
No me importa nada,
solo saber quién eres tú.
¿Dónde estás?
¿Por qué te escondes?
¿Existes?
¿Eres real?
¿Eres una nube?
¿Eres una alucinación?
¿Eres una quimera?
¿Eres una flor?
¿Quién eres?
¿Qué eres?
¿Quién soy yo si no estás?
¿Un sueño?
¿Una pesadilla eterna?
¿Una ola que muere en
la orilla del mar?
¿Una gota de lluvia
que se pierde en la tierra?
¿Un barco que naufraga
en la tormenta?
¿Quién eres tú?
¿Quién soy yo?
¿Quiénes somos?
¿Quién eres tú?
¿Quién eres?
¿Quién?
Santi Malasombra
La niebla secuestra mi mente. Exige un rescate. Escribir es el pago por mi libertad. Santi Malasombra
domingo, 20 de octubre de 2013
viernes, 20 de septiembre de 2013
LXXI
Pasé horas y horas con mi primer y último microscopio observando pelos, alas de mosca, granos de arroz, trozos de cebolla...
Si mi mente no se hubiese dispersado por tantos caminos, tantos mundos, tantos faros que mostraban objetivos por alcanzar...
Si las circunstancias no me hubiesen golpeado con tanta crueldad, tanta crudeza...
Si no me hubiese empeñado en escalar montañas inexistentes, nadar en ríos sin agua...
Si aquella rubia de ojos grises, cuerpo desgarbado, sonrisa triste y labios finos me hubiese amado la mitad de lo que yo la amé...
Si no me hubiese perdido en los sueños que perturban mi paso mientras estoy despierto...
Si no...
Si no...
Si no me hubiese acobardado ante la aventura que la vida me regaló...
Si el mundo hubiese sido más pequeño...
Si la puta carretera no me hubiese robado el más puro de los abrazos...
Tantos condicionantes, demasiados...
Si no...
Si no...
Si no hubiese reprimido las lágrimas...
Si no hubiese jurado fidelidad eterna a la desesperada soledad del culpable sin culpa...
Si no hubiese despreciado la ayuda sincera de buena gente..,
Si no hubiese conocido la muerte...
Si hubiese interpretado las partituras que la existencia nos pone ante nosotros...
Si la noche fuese más corta y la luna más grande...
Si la luz que me guió no me hubiese engañado como el tahúr al pardillo...
Si no...
Si no...
Si no...
Condicionantes sin sentido y con pasado inamovible.
Palabras que surgen en la desesperada y dulce noche que se enamoró de mí...
Y yo de ella...
Instintos primarios que pasan de largo a la espera del último vagón al que no quiero subir...
No te compadezcas de mí.
No me tomes muy en serio...
Soy un luchador sin armas en la guerra por la nada...
Un soñador despierto que grita en el silencio de las letras juntadas...
No me cambio por nadie.
No envidio nada.
Amo mis contradicciones.
Amo mis locuras.
Amo mi mundo irreal.
Soy, nada más y nada menos, yo.
El que suscribe y escribe sin miedo al que dirán.
El que respira en las nubes que giran sobre mí.
El que desafía a la tormenta y no quiere mojarse..,
Sí. Soy yo.
Atentamente,
Si mi mente no se hubiese dispersado por tantos caminos, tantos mundos, tantos faros que mostraban objetivos por alcanzar...
Si las circunstancias no me hubiesen golpeado con tanta crueldad, tanta crudeza...
Si no me hubiese empeñado en escalar montañas inexistentes, nadar en ríos sin agua...
Si aquella rubia de ojos grises, cuerpo desgarbado, sonrisa triste y labios finos me hubiese amado la mitad de lo que yo la amé...
Si no me hubiese perdido en los sueños que perturban mi paso mientras estoy despierto...
Si no...
Si no...
Si no me hubiese acobardado ante la aventura que la vida me regaló...
Si el mundo hubiese sido más pequeño...
Si la puta carretera no me hubiese robado el más puro de los abrazos...
Tantos condicionantes, demasiados...
Si no...
Si no...
Si no hubiese reprimido las lágrimas...
Si no hubiese jurado fidelidad eterna a la desesperada soledad del culpable sin culpa...
Si no hubiese despreciado la ayuda sincera de buena gente..,
Si no hubiese conocido la muerte...
Si hubiese interpretado las partituras que la existencia nos pone ante nosotros...
Si la noche fuese más corta y la luna más grande...
Si la luz que me guió no me hubiese engañado como el tahúr al pardillo...
Si no...
Si no...
Si no...
Condicionantes sin sentido y con pasado inamovible.
Palabras que surgen en la desesperada y dulce noche que se enamoró de mí...
Y yo de ella...
Instintos primarios que pasan de largo a la espera del último vagón al que no quiero subir...
No te compadezcas de mí.
No me tomes muy en serio...
Soy un luchador sin armas en la guerra por la nada...
Un soñador despierto que grita en el silencio de las letras juntadas...
No me cambio por nadie.
No envidio nada.
Amo mis contradicciones.
Amo mis locuras.
Amo mi mundo irreal.
Soy, nada más y nada menos, yo.
El que suscribe y escribe sin miedo al que dirán.
El que respira en las nubes que giran sobre mí.
El que desafía a la tormenta y no quiere mojarse..,
Sí. Soy yo.
Atentamente,
Santi Malasombra
domingo, 25 de agosto de 2013
LXX
Una leve caricia en lujuriosa
se torna si tu piel la recibe.
Una simple mirada invita
al pecado en la ardiente
noche de sudoroso estío.
Una inocente sonrisa
delata el fuego
en el que deseo arder.
Tu quebradiza y amarga
voz abrasa mis sentidos.
Presagio de incendios
perennes es tu cuerpo
bañado en caliente sudor.
Quiero ser agua para que
tu calor me evapore,
frío hielo para que
tu ardor me derrita.
Quiero ser el hombre
que alimente tu pasión
de mujer infernal.
Quiero extinguirme
en tu cálido cuerpo.
Quiero ser el combustible
de las eternas llamas
que viven en ti.
Mi deseo es morir
en el placer
de tu hoguera.
¡Quémame!
¡Abrásame!
¡Devórame!
¡Mátame!
Santi Malasombra
se torna si tu piel la recibe.
Una simple mirada invita
al pecado en la ardiente
noche de sudoroso estío.
Una inocente sonrisa
delata el fuego
en el que deseo arder.
Tu quebradiza y amarga
voz abrasa mis sentidos.
Presagio de incendios
perennes es tu cuerpo
bañado en caliente sudor.
Quiero ser agua para que
tu calor me evapore,
frío hielo para que
tu ardor me derrita.
Quiero ser el hombre
que alimente tu pasión
de mujer infernal.
Quiero extinguirme
en tu cálido cuerpo.
Quiero ser el combustible
de las eternas llamas
que viven en ti.
Mi deseo es morir
en el placer
de tu hoguera.
¡Quémame!
¡Abrásame!
¡Devórame!
¡Mátame!
Santi Malasombra
martes, 13 de agosto de 2013
LXIX
Bailando en el fuego que de tus ojos nace
y que alimenta la hoguera de mi alma.
El crepitar de mis manos en tu cintura
ofrece la música para esta danza infernal.
Ascuas de sangre caliente y roja
son tus labios sobre sobre los míos.
Ardorosos besos de tanto calor
que hasta el astro rey los envidia.
Contoneo de cuerpos que arden
en eterna y maldita combustión.
¡Qué el frío se aleje de nosotros!
¡Qué al agua no ose apagarnos!
¡Qué la leña no se agote!
Danza de fuego quiero bailar
en la pista de baile de tus caricias.
Danza de fuego en el infierno.
Si es contigo, ¿por qué no?
¡Condenémonos juntos!
No temo al fuego.
No te temo.
El fuego eres tú.
Santi Malasombra
y que alimenta la hoguera de mi alma.
El crepitar de mis manos en tu cintura
ofrece la música para esta danza infernal.
Ascuas de sangre caliente y roja
son tus labios sobre sobre los míos.
Ardorosos besos de tanto calor
que hasta el astro rey los envidia.
Contoneo de cuerpos que arden
en eterna y maldita combustión.
¡Qué el frío se aleje de nosotros!
¡Qué al agua no ose apagarnos!
¡Qué la leña no se agote!
Danza de fuego quiero bailar
en la pista de baile de tus caricias.
Danza de fuego en el infierno.
Si es contigo, ¿por qué no?
¡Condenémonos juntos!
No temo al fuego.
No te temo.
El fuego eres tú.
Santi Malasombra
martes, 30 de julio de 2013
LXVIII
No me busques en la claridad de la mañana.
No me busques en el radiante sol.
No me busques hierba.
No me busques en la fresca lluvia.
No me busques en el dulce mar.
No me busques en el alegre monte.
No me busques en la inocente mirada.
No me busques en la sonrisa de un niño.
No me busques en la sutil caricia.
No me busques en la blanca luna.
No me busques en brillantes estrellas.
Búscame en el tenebroso abismo
de un alma errante.
Búscame...
Encuéntrame...
Rescátame...
Santi Malasombra
No me busques en el radiante sol.
No me busques hierba.
No me busques en la fresca lluvia.
No me busques en el dulce mar.
No me busques en el alegre monte.
No me busques en la inocente mirada.
No me busques en la sonrisa de un niño.
No me busques en la sutil caricia.
No me busques en la blanca luna.
No me busques en brillantes estrellas.
Búscame en el tenebroso abismo
de un alma errante.
Búscame...
Encuéntrame...
Rescátame...
Santi Malasombra
miércoles, 3 de julio de 2013
LXVII
Ayanta y los bichos.
Aquel día hubo pleno en el Parlamento de los Bicholandia. Tomó la palabra la Viuda Negra como presidenta:
-Invertebrados diputados, este gobierno ha decidido poner en marcha una misión de reconocimiento para descubrir los secretos del amor. Hemos sabido de la existencia de una humana llamada Ayanta Barilli que habla en la radio sobre amor, precisamente. Vamos a seguirla hasta descubrir porqué razón son tan felices los que se enamoran.
El escarabajo pelotero aplaudió con entusiasmo, la mantis religiosa rezó para que el proyecto tuviese éxito y la mosca Tse Tse se quedó dormida en su escaño.
Las primeras enviadas fueron las cucarachas. Esperaron a Ayanta en el trayecto nocturno que solía hacer cuando iba y venía de la radio. Intentaron acercarse al verla, pero ésta las miraba con cara de asco y trataba de alejarse de ellas. Las cucarachas dieron cuenta a su gobierno del fracaso y pasaron al siguiente plan.
Un grupo de hormigas bien entrenadas por el general Hormigón Armado, lograron infiltrarse en el domicilio de Ayanta y trataron de hablar con ella. Todo fue inútil. Ella las perseguía y pisoteaba. Además, un geko montaba guardia por si alguna lograba escapar. Las bajas eran constantes y numerosas, pero las valientes hormigas no se rendían nunca. Demostraron su valor, pero no conseguían resultados.
En un nuevo intento, el ejército de Bicholandia recurrió a sus Fuerzas Aéreas y millones de polillas invadieron la ciudad donde vive Ayanta. Muchas lograron acercarse a ella, pero fueron abatidas sin compasión.
Comprendieron que acercarse en grupo era inútil y decidieron una nueva táctica: Infiltrarían a una agente solitaria que no llamase mucho la atención y que, por fin, descubriese los secretos del amor que escondía. La nueva misión recayó sobre la mosca. La siguió hasta el estudio de radio y cuando empezaba a tomar apuntes de lo que contaba Ayanta a sus oyentes, fue descubierta y perseguida. Logró zafarse de unos cuantos ataques, pero entonces apareció María con un insecticida y acabó con ella.
El gobierno de Bicholandia había perdido toda esperanza y decidió poner fin al intento de saber qué era el amor. Entonces se presentó una abejita y se ofreció voluntaria. Como no tenían nada que perder le dieron permiso.
Al cabo de unos días, la abejita volvió con cara de felicidad. Todos se emocionaron y pidieron que contase qué había descubierto.
-Pues veréis, llegué a su casa, revoloteé cerca de las ventanas y apareció Ayanta. Ella no me vio y pude espiarla con tranquilidad. Entonces puede ver en sus ojos algo único y mágico: la ilusión, la fascinación, la felicidad, la alegría....Y comprendí que el amor está dentro de cada uno de nosotros.
-¿Qué estaba haciendo?- Preguntaron intrigados.
-Nada- Contestó la abejita- estaba mirando una destartalada planta de la que había brotado una flor naranja, pequeña y picuda.
Aquel día hubo pleno en el Parlamento de los Bicholandia. Tomó la palabra la Viuda Negra como presidenta:
-Invertebrados diputados, este gobierno ha decidido poner en marcha una misión de reconocimiento para descubrir los secretos del amor. Hemos sabido de la existencia de una humana llamada Ayanta Barilli que habla en la radio sobre amor, precisamente. Vamos a seguirla hasta descubrir porqué razón son tan felices los que se enamoran.
El escarabajo pelotero aplaudió con entusiasmo, la mantis religiosa rezó para que el proyecto tuviese éxito y la mosca Tse Tse se quedó dormida en su escaño.
Las primeras enviadas fueron las cucarachas. Esperaron a Ayanta en el trayecto nocturno que solía hacer cuando iba y venía de la radio. Intentaron acercarse al verla, pero ésta las miraba con cara de asco y trataba de alejarse de ellas. Las cucarachas dieron cuenta a su gobierno del fracaso y pasaron al siguiente plan.
Un grupo de hormigas bien entrenadas por el general Hormigón Armado, lograron infiltrarse en el domicilio de Ayanta y trataron de hablar con ella. Todo fue inútil. Ella las perseguía y pisoteaba. Además, un geko montaba guardia por si alguna lograba escapar. Las bajas eran constantes y numerosas, pero las valientes hormigas no se rendían nunca. Demostraron su valor, pero no conseguían resultados.
En un nuevo intento, el ejército de Bicholandia recurrió a sus Fuerzas Aéreas y millones de polillas invadieron la ciudad donde vive Ayanta. Muchas lograron acercarse a ella, pero fueron abatidas sin compasión.
Comprendieron que acercarse en grupo era inútil y decidieron una nueva táctica: Infiltrarían a una agente solitaria que no llamase mucho la atención y que, por fin, descubriese los secretos del amor que escondía. La nueva misión recayó sobre la mosca. La siguió hasta el estudio de radio y cuando empezaba a tomar apuntes de lo que contaba Ayanta a sus oyentes, fue descubierta y perseguida. Logró zafarse de unos cuantos ataques, pero entonces apareció María con un insecticida y acabó con ella.
El gobierno de Bicholandia había perdido toda esperanza y decidió poner fin al intento de saber qué era el amor. Entonces se presentó una abejita y se ofreció voluntaria. Como no tenían nada que perder le dieron permiso.
Al cabo de unos días, la abejita volvió con cara de felicidad. Todos se emocionaron y pidieron que contase qué había descubierto.
-Pues veréis, llegué a su casa, revoloteé cerca de las ventanas y apareció Ayanta. Ella no me vio y pude espiarla con tranquilidad. Entonces puede ver en sus ojos algo único y mágico: la ilusión, la fascinación, la felicidad, la alegría....Y comprendí que el amor está dentro de cada uno de nosotros.
-¿Qué estaba haciendo?- Preguntaron intrigados.
-Nada- Contestó la abejita- estaba mirando una destartalada planta de la que había brotado una flor naranja, pequeña y picuda.
miércoles, 26 de junio de 2013
LXVI
La felicidad se alcanza cuando, lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía.
Gandhi.
La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante.
Antonio Gala.
Una mesa, una silla, un plato de fruta y un violín, ¿qué más necesita un hombre para ser feliz?
Albert Einstein.
Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.
Jean Paul Sartre.
Existen dos maneras de ser feliz, una es hacerse el idiota y la otra serlo.
Sigmund Freud.
Estas son algunas de las frases sobre la felicidad que he escogido entre las miles que hay. No tengo ninguna favorita, pero he querido mostrar un mosaico de lo que han dicho algunos personajes conocidos.
Yo no sabría definir la felicidad en una frase o en varias. Creo que es algo demasiado personal para generalizarlo. Yo me limito a disfrutar de momentos felices. Momentos cotidianos y que nada tienen que ver con las grandes aspiraciones filosóficas atribuidas a los humanos.
Yo soy feliz cuando una cajera del super me sonríe y cuando una camarera de un bar me dice: ¿qué te pongo, guapo?. Lo hacen con todos, pero en ese instante soy yo el que ve, escucha y soy feliz.
Soy feliz cuando después de una dura noche de trabajo, llego a casa y entro en la ducha y cuando salgo de ella y me siento frente al ordenador a escribir, leer o interactuar en las redes sociales.
Soy feliz cuando estoy comiendo mi plato preferido acompañado de una cerveza fresca.
Soy feliz cuando encuentro un billete de cinco euros en al bolsillo de un pantalón que no recordaba tener.
Soy feliz cuando me siento en mi sofá y escucho una canción que me gusta o disfruto de una buena película.
Soy feliz en la orilla el mar, echándome una siesta debajo de un pino, tomando un café en una terraza, cuando ligo y la chica viene a mi casa, voy a la suya o vamos a un hotel, cuando mi Betis gana un partido, cuando hago reír a mi hermana con mis chorradas, cuando me acuesto un sábado por la mañana y no tengo que poner el despertador, cuando se que el dinero me llega a fin de mes, cuando una preciosidad me mira a los ojos, cuando alguien o algo me hace gracia...
Infinidad de momentos felices que vivo día a día. Parece todo muy bonito, pero os confesaré un secreto. Cuando me paro a reflexionar cinco minutos sobre mi vida, me siento triste. Muy triste.
Santi Malasombra
Gandhi.
La felicidad es darse cuenta de que nada es demasiado importante.
Antonio Gala.
Una mesa, una silla, un plato de fruta y un violín, ¿qué más necesita un hombre para ser feliz?
Albert Einstein.
Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.
Jean Paul Sartre.
Existen dos maneras de ser feliz, una es hacerse el idiota y la otra serlo.
Sigmund Freud.
Estas son algunas de las frases sobre la felicidad que he escogido entre las miles que hay. No tengo ninguna favorita, pero he querido mostrar un mosaico de lo que han dicho algunos personajes conocidos.
Yo no sabría definir la felicidad en una frase o en varias. Creo que es algo demasiado personal para generalizarlo. Yo me limito a disfrutar de momentos felices. Momentos cotidianos y que nada tienen que ver con las grandes aspiraciones filosóficas atribuidas a los humanos.
Yo soy feliz cuando una cajera del super me sonríe y cuando una camarera de un bar me dice: ¿qué te pongo, guapo?. Lo hacen con todos, pero en ese instante soy yo el que ve, escucha y soy feliz.
Soy feliz cuando después de una dura noche de trabajo, llego a casa y entro en la ducha y cuando salgo de ella y me siento frente al ordenador a escribir, leer o interactuar en las redes sociales.
Soy feliz cuando estoy comiendo mi plato preferido acompañado de una cerveza fresca.
Soy feliz cuando encuentro un billete de cinco euros en al bolsillo de un pantalón que no recordaba tener.
Soy feliz cuando me siento en mi sofá y escucho una canción que me gusta o disfruto de una buena película.
Soy feliz en la orilla el mar, echándome una siesta debajo de un pino, tomando un café en una terraza, cuando ligo y la chica viene a mi casa, voy a la suya o vamos a un hotel, cuando mi Betis gana un partido, cuando hago reír a mi hermana con mis chorradas, cuando me acuesto un sábado por la mañana y no tengo que poner el despertador, cuando se que el dinero me llega a fin de mes, cuando una preciosidad me mira a los ojos, cuando alguien o algo me hace gracia...
Infinidad de momentos felices que vivo día a día. Parece todo muy bonito, pero os confesaré un secreto. Cuando me paro a reflexionar cinco minutos sobre mi vida, me siento triste. Muy triste.
Santi Malasombra
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